¿Voto obligatorio o voto voluntario?

Cada cierto tiempo se vuelve a una discusión ya zanjada legalmente en el escenario nacional. Por ello, parece relevante reafirmar el valor intrínseco del voto voluntario.

Voto voluntario

Desde el 31 de enero de 2012, se estableció en Chile la inscripción automática y el voto voluntario en las elecciones populares, a través de la ley 20.568.

Para los detractores del voto voluntario o facultativo, la consiguiente baja en la participación en las votaciones posteriores, que superaron el 50%, parecen darle la razón.

Sin embargo, menos de una década de votación voluntaria es un periodo muy corto para evaluar la evolución de la conducta del electorado. Y menos ahora, después de que, independientemente de la opinión que tengamos de las manifestaciones sociales, el vandalismo y sus efectos en el país, ha quedado demostrado que se requiere fortalecer la democracia y asumir con responsabilidad cada momento de la participación política.

Entre quienes pensamos que el voto voluntario es el modelo correcto, veíamos como efectos indeseados la enorme cantidad de denunciados por infracción a la ley pero que, prácticamente, no eran perseguidos, sea porque congestionaban a los juzgados de policía local, sea porque el voto obligatorio se percibía como una norma ilegítima, o por cualquier otra razón.

Es cierto que el voto voluntario envuelve los riesgos de la abstención, con ciudadanos que optan por irse a la playa, de vacaciones cortas o, sencillamente, dormir más, dejando que una minoría tome las decisiones que le corresponde a un colectivo mayor.

A ocho años de la nueva ley, el voto voluntario ha hecho un aporte a visibilizar los pecados de los electores, que se justifican en otro pecado original: la pésima calidad de la política nacional.

Hoy, cuando muchos, aunque afortunadamente no todos, apuntan a los políticos y a las autoridades como los principales responsables de la crisis, corresponde que cada uno haga la auto crítica respecto de lo que hace y no hace cada vez que llega un momento electoral.

Obligar a votar es tratar a los electores como niños inmaduros que deben ser presionados para hacer lo correcto. Por lo mismo, el voto debe ser voluntario, porque el ejercicio de la libre voluntad debe ser un acto responsable, informado, comprometido con el futuro de la nación y la patria.

El voto voluntario se concibe como un derecho, una facultad, incluso un privilegio, que debe ser ejercido con responsabilidad ciudadana. Quien no lo ejerce, con premeditada contumacia, podría ser considerado como un criminal político, pues es cómplice en la muerte de la democracia.


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